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Volver, volver por Felipe Ehrenberg

Note: There is no translation available .

Ehrenberg– 2013 Volver, volver-a VIBRACIONES

VOLVER VOLVER VOLVEEER, A TUS BRAZOS VIDA MÍAAAA Carta de un artista plástico que comenzó siendo un pintor entre tantos, que pasó a convertirse en neólogo y que luego recayó… un poco. MERODEOS: Primero fueron los desencuentros que desencadenaron las recriminaciones, luego las riñas. Ríspidas, feroces, insultantes. No tardaron en hacerse costumbre los silencios del distanciamiento, fríos y severos, intercalados apenas por una que otra traición (que en aquella circunstancia, casi no lo era). La separación fue inevitable. Como inevitable fue la curiosidad, esa que nace del deseo no formulado, del deseo insatisfecho. He vivido otras pasiones, por supuesto, delirantes o reposadas, fugaces o continuas. Aún libre de sus ataduras, sin embargo, la sensación de pérdida y el deseo me siguen merodeando.

Una mañana, mucho años después, desperté de nuevo entre sus brazos. La sorpresa del reencuentro le dio un brillo especial a nuestras caricias que de tan familiares las sentí arcaicas. Me dirás que las circunstancias que rodearon el encuentro lo propiciaron. No lo sé. Pasaron los días y centímetro a centímetro reconocí su piel. Pasaron los meses e hicimos el recuento de momentos  compartidos. Reunimos relatos durante dos, tres, luego cuatro años (¿cómo se cuenta el tiempo?) y hoy seguimos juntos. En ocasiones vuelvo a sentir la sombra fría de la traición. Quién traiciona a quien o a qué, no lo sé, pero las preguntas se desprenden como gajos de naranja. ¿Será este reencuentro consecuencia de costumbres enquistadas, será una recaída demencial capaz de llevarme al suicidio? ¿O será —¿cómo saberlo?— el inicio de una relación nueva y sin recriminaciones, capaz de franquearme el paso hacia otra dimensión, hacia sensaciones que por ahora no puedo siquiera sospechar?

EFECTOS:

Todo es como si nunca hubiera pasado nada, como si nunca nos hubiéramos cuestionado, traicionado, repudiado y separado. La verdad innegable es que ya corrió mucha agua bajo el puente. Demasiada. Ya no guardo ilusiones. No puedo olvidar que ella siempre supo cómo imponer su voluntad (tal y como se la impone a los demás). Siendo ella tan dominante y tan ubicua, sé bien que debo andar con cautela. Estás consciente de lo imponente que es. Podrás decirme que su extraña atracción, tan ligada a la vida que ha llevado, guarda la clave de su actual encanto. Solo que ni tu ni casi nadie recuerdan cómo se desempeñaba mientras reinó como la Estrella Mayor, La Única, ante la mirada del mundo entero. Uno que otro podrlinaronieenteroonvencerladede Pas-de-deux, en ngreotradcionmaliasadha. archivos de nuestra canciller_______________________ía intuir sus orígenes, quizá hasta su vocación inicial, pero eso es fácil de olvidar bajo la gruesa maraña de chismes y cuentos que la rodean. Lo cierto es que son pocos los que la conocen o que sepan de las circunstancias en su pasado que le dieron tanto brillo, cuando era ingeniosa, atrevida, generosa, sorprendente. Casi nadie conoce los muchos motivos turbios y misteriosos que la llevaron a rebajarse tanto. No olvidemos aquel asunto, el del dinero. Aún sabiendo tan poco sobre ella, puedes imaginar su capacidad para movilizar grandes ¡inmensas! fortunas.  Hay que admitirlo, aún teniéndola tan cerca la mayoría de la gente nunca ha sabido encararla de frente. Tu la conoces de manera superficial, por su reputación, por rumores, por lo que otros dicen sobre ella. Pero bueno, esta gran dama objeto de mis desvelos, la Pintura, ha sido todo menos transparente.

 CONSTANCIAS

Le confieso que desde que lo recuerdo, siendo muy niño, mi relación con la Pintura fue apasionada e incondicional. En la adolescencia me entregué a ella en cuerpo y alma. Era mi modelo, mi guía, mi manual operativo. La cortejaba día y noche sin cesar, me sumergía en sus historias, compartía sus esperanzas, hacía sus mandados, ¡vaya! llegué a ofrendarle mi vida, al grado de olvidar mis otros sueños, prácticamente todos. Y fui madurando. Recuerdo cómo, ya comprometido con ella y gozando en pleno de sus atenciones y caricias, me fui percatando de lo que me parecían devaneos y promesas incumplidas, de comportamientos que a mi ver no tenían justificación alguna, como la hipocresía, que es el inicio de la traición. Siempre me había asegurado, mientras se mofaba de impostores, que odiaba la mentira. Lo que más le interesaba, enfatizaba con pasión, era aprender para crecer, descubrir para compartir, recordar para planear el futuro. Insistía en que le gustaba expresarse por el puro placer de pensar. Emocionada, me aseguraba que juntos podríamos incidir de manera positiva, hacer mella en la vida de quienes nos rodearan. No se cansaba de repetir que lo importante era gozar sorprendiendo.

 SOMBRAS

Aún hoy se me hace imposible entender por qué, siendo ella de cuna tan modesta (muy tiernita diseñaba sobre las finas arenas de la playa y marcaba las paredes de la cueva) y habiendo crecido hasta madurar de manera tan ecuánime, con tanta y tan generosa sabiduría, se asociara luego con tanto malandrín y oportunista, y por qué, en complicidad con ladrones y usureros, cometiera tantas tropelías. ¡Cómo pudo llegar tan bajo, cómo pudo prestarse la Pintura a tantas bajezas! ¡Ya! Lo dije. ¡Bajezas! Aún ahora, que vuelvo a trenzarme en sus brazos y siento la suavidad de sus pechos, se me hace imposible entender porqué la Pintura, a quien llegué a adorar sin un solo recato, empezó a mostrar el cobre para convertirse en una ofrecida. Me pregunto cómo pudo hacer todos sus escrúpulos de lado, cómo es que puede hoy jugar juegos sucios con quien se le ponga enfrente, ora lisonjera con el poderoso, ora falsa con el débil, ora desdeñosa de quienes se prostran a sus pies (como yo). Acostado a su lado, luego de otra tarde de amor, no puedo evitar pensar en cómo la percibía cuando la conocí y cuánto fue cambiando, en cómo me fue causando más asco hasta el momento en que, con un alarido, exploté y me dije que ya no quería nada con ella, nunca. Puedo recordar ahora, mientras dormitamos juntos, lo difícil que fue separarme de ella. Me salió caro retomar el control de mi vida. A la fecha sigo endeudado. Tuve que aprender a establecer nuevas relaciones, a defenderme en otras lides. Recién liberado de ella, había tenido yo el atrevimiento de creer que había ella sentido su poder mermado.

EFECTOS

Es verdad, se ha ido debilitando. De hecho, ella misma sabe que dejó de ser la regente única del universo visual que hemos creado. Pero sigue dominando sin recatos ¡porque se siente apoyada! No creo ser ingenuo. Viendo a Pintura moviéndose a mi rededor, nerviosa, afanosa, sé que ni entonces ni ahora le importó un bledo lo que hiciera yo de mi vida. Ni lo que hagan todos los demás que la aman. “Claro,” me he dicho muchas veces, “como tu andas metida en tantas bajezas… enredándote con tanta gente…” Confieso que gozo su presencia cotidiana, pero ya no rige mi vida. En momentos de concupiscencia, lo recuerdo, se dio el lujo de parir varias veces.

¿Habrá medido las consecuencias? Ahí están sus dos herederas mayores, Gráfica, que a veces le gusta comportarse como la madre, y Fotografía, que muy pronto se las arregló para independizarse y navega con garbo por la vida. Con ambas he sostenido enredos con sabor a incesto. Las conoces. Son Fecundas a más no poder. Dieron luz a Cinematografía y a Televisión, son abuelas de Holografía, Imagen Digital, Adobe e Instagram, todos muy generosos y amigueros. Con quienes también tengo sabrosísimos tratos amorosos, es con Performance, la extraña prima bastarda de Teatro, y con Instalación, que aunque divide lealtades entre sus tías, Escultura y Arquitectura, tiene más y más tratos con Artesanía. Y ya entrado en confesiones, debo admitir que una mañana de esos hace casi treinta años (ya libre del dominio de Pintura), conocí a esa otra gran dama, Escritura. Con ella llevo una relación muy íntima. Es tan complicada como Pintura, sin duda, pero con ella he logrado mantener una relación estable, ¿será porque nunca me prometió nada?

TÉCNICAS

Convivimos día con día. Ya no me desconcierta el celo con que guarda sus costumbres europeas ni la facilidad con que adopta hábitos norteamericanos. Teniendo arraigo en tantas latitudes, prefiere aferrarse a ritos y celebraciones que se antojan risibles, tanto como usar sandalias con calcetines o decorar arbolitos de navidad en climas calurosos. Dominó a la perfección el francés y el italiano, pero hoy, lo que más usa es el inglés americano, mezclando la nasalidad neoyorkina, el arrastre tejano y un extraño cantadito latino de Miami. En ocasiones se digna a responderme en un español lleno de ceceos, pero nunca en público (dicen que sabe hablar el portugués aunque no me consta).

ME PREGUNTO

¿Cómo le hará —me pregunto— para procesar los daños que le causaron y le siguen causando sus decrépitas amistades con quienes aún se lleva? La miro cortejando a nuevos amigos, a diseñadores gráficos que no quieren saber absolutamente nada de su pasado o de sus mejores momentos, a personas que se hacen llamar curadores quienes, sin saber como usar las manos siquiera para acariciarla, pretenden dictarle órdenes y dirigirla. No hace mucho se hizo comadre con una grotesca entelequia llamada Mercadotecnia, con quien va y viene, sube y baja por todos lados, luciendo un rictus de sonrisa congelada en su cara maquillada. Volvió a arroparse en vestidos anticuados y le encanta ser mencionada en las columnas de chismes. Trama jugarretas muy extrañas, como para complacer a ese ejército de lapas con que se rodea, quizá para asegurarse de su lealtad caso que empiecen a interesarse en lo que hacen sus hijas, nietas y bisnietas. Por encima de todo, le preocupa cuidar de su fortuna. Se la pasa revisando papeles y abriendo cuentas aquí y acullá, trasladando dineros cada vez más sucios. ¡Mira que juntarse con especuladores, narcotraficantes, oportunistas, tanto nuevo rico de todo tipo que se ofrecen, ora para crear nuevas fundaciones, ora para construirle otro museo cuyo diseño parecerá una mezcla entre mausoleo y escaparate de tienda departamental! ¡Mira que levantarle la nariz a tanta gente de este lado, que lo único que quiere es mirarla y admirarla como alguna vez brilló!

VELADURAS Y LUCES

 Ella me insiste en que “ahora sí, las cosas serán distintas”, y aunque me cuesta trabajo creerle, retozo y gozo con ella. Sus antigua fascinación me sigue encantando, te lo confieso. Acepta mis caricias y se da tiempo para regalarme atenciones, mientras que yo, sabiendo lo poco que le importa lo que piense de ella, me pregunto si el asunto puede ser duradero. O más bien, si aquello que nos juntó de nuevo, aquello que no sé nombrar, vuelva a adquirir significado. Me detengo a veces para revisar esta etapa de nuestra relación. Quisiera tanto que recuperáramos juntos el gusto de los paseos sencillos, que recordáramos la historia de sitios apartados y geografías olvidadas, de ciudades pequeñas y barrios capitalinos, que ella volviera a conversar con gente en casa, en el trabajo, frente a las montañas, al atardecer, para volver a sentir, para gozar de lo que son los sentimientos, los suyos y los de los demás. Pienso que tal vez… que quizá pueda yo convencerla de mudar hábitos y volver a ser lo que alguna vez fue. Lo que más quisiera yo por sobre todo, es que mi amada Pintura volviera a ser osada, que tomara riesgos de verdad, lejos del ostentoso hábitat en el que se refugia hoy, con su feroz fauna y sus extrañas costumbres. Desearía que no temiera quedar fuera de mercados, que repudiara eruditismos insensatos, que volviera a celebrar, más que el conocimiento, la inteligencia. Quisiera que se arriesgara a dialogar con el mundo, a plena luz de día; que inspirara a músicos y a poetas. ¿Será que lo logre? ¿Lo podrá? ¿Lo querrá?

Felipe Ehrenberg

Escrito en São Paulo, en el mes septiembre de 2003, mientras pintada mi serie Pas-de-deuxCorregido en diciembre de 2013 para la revista virtual ‘Vibraciones’.

ENGLISH VERSION

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